dilluns, 5 de gener de 2009

De las llaves a las cerraduras. Autogestión o producción externalizada.

La okupación de fábricas se da siguiendo un contexto de explotación por el que, los propietarios de las fábricas son quienes las gestionan (o contratan a alguien para que lo haga siguiendo su ideología) y los trabajadores cabreados pasan de ser productores a ser productores-gestores. Es el caso también de muchos obreros que pasan a formar sus propias cooperativas.

En el caso de la okupación debido a su doble naturaleza, vivienda y centro social, será mejor separarlo. Siguiendo la lógica nombrada podríamos argumentar que la okupación de viviendas ligada a la autogestión parte del echo que se considera que se está en contra de la gestión que hacen los propietarios y se prefiere la okupación para probar nuevas formas de gestión más acordes con la ideología. Pero, cual es este motivo de disconformidad sobre la gestión, nos lo tiene que dar la forma de gestionar las viviendas.

No parece ser pues, una disconformidad en el estado de conservación del edificio, ni los riesgos lesivos derivados (desplome de fachada, sistema eléctrico inseguro), o un desacuerdo sobre la forma de gestión de los recursos energéticos (exceptuando unos pocos casos como puede ser Can Masdeu). Ya que si nos encontráramos ante este problema (el echo de considerar que los propietarios no se hacen cargo de esta gestión del edificio) nos encontraríamos que una de las preocupaciones básicas de las personas que habitan estas viviendas sería ésta.

En cambio, parece coger más fuerza el argumento economicista. Pero, se debe ello a que parte de ese dinero que no se paga va a parar a la generación de contrapoder, como por ejemplo cooperativas (construint, un colectivo que se reunía en Can Vies vio nacer 2 cooperativas, o el Ateneu de l'Eixample, en el que hay una cooperativa de consumo). La verdad es que no parece que proliferen mucho estas fórmulas, más en cambio los colectivos y proyectos quedan a merced de la fórmula mágica de la autogestión, las fiestas.

Si nos vamos al caso de los centros sociales, y seguimos la lógica anteriormente citada. Éstos partirían de colectivos que en el espacio dónde están no pueden seguir pagando, o bien encuentran impedimentos políticos para la realización de sus actividades (como sería el caso de la insubmisión a finales de los 80, principios de los 90, lo que les llevó a salir de los centros cívicos para buscar en la okupación un lugar des del que poder seguir adelante con su lucha.

Pero esto en la mayor parte de los casos no sucede, y nos encontramos en cambio, delante de una asamblea gestora en la que en muy pocos casos sus miembros son al mismo tiempo productores. Así nos encontramos con algo que no difiere tanto de los centros cívicos en su práctica de la gestión, sí en cambio en su ideología. Así, resulta que en determinados momentos podemos encontrar muchos centros sociales en un radio geográfico muy pequeño, además de estar la mayor parte del tiempo vacíos, o con muy pocas actividades. La cual cosa demarca, o como mínimo deja intuir que la posesión de un centro social es más importante que el echo de producir ya sean charlas, talleres, cursos, … Además revierte un proceso muchos más natural y orgánico, que es el que también reclamarían las escuelas libertarias, el aprendizaje a partir de la experiencia práctica. Si entendemos la producción como la experiencia práctica, el echo de que haya un grupo de personas dedicada a la gestión sin esa experiencia previa, o como mínimo en una situación de simultaneidad, los aleja de la realidad.

Es así como las actividades que más han llenado los centros sociales, tanto de afluencia de gente, como de cantidad de veces realizadas, han sido las fiestas. Por tanto sí que hay algo que estas asambleas gestionen, pero lo podemos enmarcar claramente en el sector ocio-servicios. Es pues que faltan muchos grupos que produzcan y no tantos que gestionen, que además a nivel energético, es un desastre insostenible pues la energía requerida para la gestión se vuelve mucho mayor que la requerida para la producción (lo cual ha sido marca típica del capitalismo, pasar de una población que produce, a una población que gestiona o está en el sector servicios).