dilluns, 24 de gener de 2011

En defensa de los bancos


Si analizamos el concepto banco tenemos una descripción de los hechos que no tiene por que concordar con la imagen que tenemos de ello. Un banco no es más que un lugar físico o intangible que permite la acumulación de bienes que no van a ser usados al momento para poder distribuirlos temporalmente.

Así pues tenemos que un silo de grano es un banco. Y hasta aquí dudo que nadie que esté a favor de la agricultura esté en contra de los silos. Estos permiten guardar una parte de la cosecha hasta el próximo año para que podamos volver a plantar, y permiten ir distribuyendo durante el año lo que de otra manera nos tendríamos que comer en una semana.

Con ese espíritu intacto podemos trasladar el sentido a un banco de intangible, moneda. Si lo consideramos en este modo, el banco es la institución que nos permite poder regular nuestro consumo, puesto que no todo el año tenemos la misma cantidad de beneficio. Aunque está claro que mientras no sea una cuestión colectiva lo llamaremos calcetín.

Entonces nos quedamos con la idea de que un banco es una institución colectiva que acumula los excedentes de moneda para regular el consumo.

En el momento en el que no concebimos nuestras necesidades como una mera supervivencia y el marco de relaciones está mediatizado en extremo por la moneda; el consumo y la inversión son relaciones un tanto más complejas que las del campesinado, pero en definitiva nos permiten lo mismo, reinvertir en una cosecha o empresa y mantener nuestro nivel de consumo a lo largo del año.

Al menos desde una óptica colectiva la población española trabajadora hemos vivido con un beneficio sobre nuestro trabajo desmesurado (para los grandes empresarios ni tan siquiera tendría una palabra para definirlo). Nuestros sueldos aunque pudieran parecernos bajos eran inmensamente inflados por unas relaciones socioeconómicas mundiales que han empobrecido sobremanera otras regiones del mundo meridional. Ahora la mayoría de la población se ve atrapada por las deudas de los bancos y todo eso vierte en ataque a la institución bancaria, la cual no es responsable de que las personas hayan decidido coger más del banco de lo que existía y destinar más a consumo que a la reinversión, o dejar la inversión en manos de banqueros (supuestos profesionales) que básicamente han actuado como bucaneros que se reparten un botín entre los suyos después de un pillaje.

Y con esa última imagen en la cabeza olvidamos nuestra parte de responsabilidad y por tanto nuestra capacidad de cambiar los errores pasados. Si demonizamos el banco, no vemos la capacidad de organizarnos a través de él. Y de usar nuestro excedente monetario del trabajo para que una institución nuestra apoye la reinversión en nuevos campos y más puedan aprovecharse de nuestros “sobredimensionados” sueldos. Así sólo necesitamos crear instituciones bancarias propias o confiar en aquellas ya existentes como Coop57 o Fiare.

Al fin y al cabo la alternativa cual es, aumentar nuestro nivel de consumo?