dimecres, 18 de novembre de 2009

De las llaves a las cerraduras. Discursos opuestos realidades paralelas

Encontrar las diferencias es símbolo de inteligencia
encontrar las similitudes es símbolo de comprensión


La historia, al menos tal como se suele estudiar, suele dividir a los grupos de izquierdas en maximalistas y reformistas, o en el homónimo de cada época. Pero, es ésta una subdivisión acertada? o es al final un resultante de una división de discurso que no señala la realidad? Señala más las pretensiones de los grupos que las enarbolan, o su realidad cotidiana?

Así pués si nos fijamos en la parte real de cada grupo, lo que hacen cotidianamente más bien identificaremos pocas diferencias. A saber, el ejemplo mas grave puede ser la rivalidad entre clubes de fútbol, por ejemplo Barça-Madrid. Ambos usan su privilegio de club para obtener ventajas de bajo mano para el mas común de los timos actuales, la recalificación de terrenos. Ambos tienen privilegios fuera de lo común, sus abanderados pueden saltarse las leyes que los demás estamos obligados a cumplir, ante la admiración por hacerlo del resto de los mundanos ... Y podríamos seguir lárgamente. Aunque la rivalidad entre ambos pueda llegar a casos de palizas o incluso asesinatos entre rivales de etiqueta.

En los grupos políticos esta tónica se ve muy repetida. El tan manido ejemplo de un anarquista que tapa pintadas de independentistas y viceversa, llega en algunas ocasiones a peleas entre los más viriles y testosterónicos de ambos contendientes.

Y si nos ponemos a analizar la realidad material de cada grupo nos daremos cuenta que realizan las mismas tareas. Reunirse una o dos veces por semana, hablar acaloradamente de algún tema durante un par de horas; ir a los bares de estética afín a la suya, y legitimar acciones completamente despóticas en el caso de que las lleve a cabo uno de sus miembros.

Entonces, cúal es pués su diferencia?

Lo de izquierdas y derechas ha sido una forma de explicación que ha calado fondo, hasta que lo asumimos normalmente, pero es sólo una forma de explicar la realidad, no es innata, es simplemente conveniente.

A mi me sirven perfectamente las películas de Clint Eastwood, en especial Gran Torino. Es curioso que crea tener más en común con un dirigente del partido conservador de EUA que con la mayor parte de los Ozymandias de la izquierda. Y es que en el papel representa a una persona con un taller de herramientas que es una persona que se preocupa por lo que hay a su alrededor, lo cuida, lo entiende, lo abre, lo inspecciona y cuando es necesario se llena de mierda por ti.

Es la autogestión llevada a la práctica. Cuando se tienen metas, cuando tienes que preocuparte por el mantenimiento (entendido en el sentido feminista) no tienes tiempo de preocuparte por nimiedades que se interponen un tu camino y hacer de los insultos y los improperios el jugo que llena tu vacío de cada día. Y si algún dia tienes que enfrentarte a ello, lo harás en la forma que menos tiempo te lleve.

Es como en diario de un skin, en el que el autor, trata de ver a todos como nazis, los típicos de derechas y los antisistema como nazis de izquierdas. Salvando las distancias, y que cualquiera que lea el libro y tenga 2 dedos de frente save que miente tanto como llena su ego al escribir el libro, aunque algo de verdad hay en la aseveración, y es que se parecen en muchas cosas (lo de nazis o no, paso de comentarlo).

Las guerras de la historía han llegado a ser más crueles si cabe, que las guerras normales. La batalla de Normandía cobró miles de vidas de soldados en un contexto en el que los nazis casi había sido reducidos. Básicamente para llegar antes que los rusos a Berlín. Todas las guerras de la descolonización son el conflicto encubierto de la guerra fría entre EUA y la URSS. Un conflicto que se basaba en ver quien tenía derecho a explicar lo que estaba pasando y incluso lo que pasó en otros momentos históricos. Los debates que se propiciaron entre la historiografía de la época de las 2 potencias son una justificación de mentira tras mentira, y una herencia que nos ha quedado del todo vale, una postmodernidad muy mal entendida, o entendida como si la mediocridad fuera motor de todo lo que tenga dinero respaldándolo.

Y es que, ¡¡A lo Pollock se vive mejor!! si no decídselo a Diego Rivera.