dimarts, 15 de juny de 2010

La construcción de la censura

Las sociedades se explican a si mismas a partir de un conjunto de mitos, leyendas o creencias, una propaganda sobre lo que sustentar las bases de su perpetuación. Però a través de las formas que adquiere la cultura popular se desenmascara la diferencia entre la realidad y la propaganda. Se ve el abismo entre una sociedad que no cabe en unas rígidas normas sociales y en la cual la vida se desarrolla al margen de los textos que tendrán que interpretar los estudiosos de las letras.

El campo que ataca la censura és todo aquello que puede distorsionar la imagen que se tiene de la realidad. Es por ello que una sociedad que sustenta su imagen en un monolito férreo e inquebrantable de moral incorruptible, tenderá a visibilizar los mecanismos de la censura través de actos públicos como la quema de libros o de cómics, o llegará a instaurar legislaciones estrictas sobre aquello que se puede decir o no.

Una sociedad, en cambio, que tenga un discurso crítico con la censura no puede permitirse de generar un órgano tan autoritario y por tanto tenderá a dilucidar su importancia haciendo correr más opiniones y generando confusión. Puesto que su imagen se genera a partir de un concepto de libertad de opinión de hecho necesitará para que su imagen sea la que corresponde un gran margen de disidencia simbólica.

Lo que llama la atención es que aunque los mecanismos de la censura sean distintos su justifiación es siempre la misma. Si las películas y los cómics de terror desviaban las mentes de los jóvenes hasta convertir en un asesino psicótico al más fiel y sumiso ciudadano. En la actualidad se nos dirá que la negatividad que evoca el hecho de explicar las realidades disonantes baja la moral del resto del colectivo y que por tanto como son pequeñeces, mejor no darles más importancia que la que tienen (aunque la mayor parte de las veces sean comportamientos mayoritarios).

Si el primero de los casos conlleva hordas enfurecidas que destruyen todo a su paso, los segundos condenan al ostracismo a aquellos que no profesen afecto por sacar a relucir la imagen que del colectivo-sociedad quiera reflejarse. Y ya se sabe que todo marginado tiene una capacidad de influencia sobre lo común muy minsa si no a veces incluso inversa.

La censura no és el acto de prohibir, es el acto de hacer que lo que no es mayoritario carezca de valor. Cada tipo de sociedad elegirá pués para ello la forma más adecuada.