La ley está pensada para hacer frente
a una posible mayor demanda por parte de cada usuario. De una
previsión de potencia de (x)Kw a una previsión por ley de 5,4kw
siempre y cuando la ciudad de turno no haya aumentado la previsión
de consumo mínima, como por ejemplo Barcelona, a 9,2 Kw.
Tener una previsión de 9,2Kw equivale
a prever que se puedan tener funcionando de forma simultanea
lavadora, lavavajillas, aire acondicionado, horno, vitrocerámica, …
aunque vivas en 25m2. Como siempre, la ideología
subyacente (a parte de la de maximizar el beneficio de la empresa) es
la de que con la técnica TODO es posible y en cambio confiar a la
educación, o la sociabilidad la responsabilidad del buen uso de las
infraestructuras es pecar de candidez. Y es que educar al consumidor
es un gasto y en cambio inducir al sobreconsumo un beneficio para la
empresa de turno.
El reglamento no prevé tampoco la
coexistencia con otras formas de aprovechamiento de la energía. Cada
vivienda está obligada a proyectar y instalar las tomas necesarias
para TODOS los electrodomésticos, aunque queramos usar gas para la
mayor parte de nuestras necesidades, prever la toma eléctrica es una
obligación y no una opción. En un ejemplo claro, se está obligado
a prever la toma de corriente del horno eléctrico aunque se prefiera
gas. El costo económico de esa línea sólo en material, ronda los
70€.
El uso de energía solar o eólica ni
tan siquiera está contemplado en el reglamento. Aunque quizás sea
lo que las haya permitido despuntar un poco vistos los aires
prohibicionistas del oligopolio.
Obviamente, es un reglamento que regula
la electricidad, pero lo curioso es que no mencione su coexistencia
con otros modelos energéticos. Algunos que podrían ahorrar miles de
euros en las facturas eléctricas de edificios con gran superficie.
El ejemplo más claro lo tenemos en los lucernarios y la iluminación
por fibra óptica, algo que aquí parece que nos ha llegado como un
juguete de aplicaciones estéticas y que en cambio podría suponer
una solución (si es que el propósito es bajar el consumo global,
como se anuncia a bombo y platillo con las bombillas de bajo
consumo).
Vistos los argumentos de pasada, en
realidad no parece que nos situemos ante algo grave. Poner más
líneas de las que uno considera, sobredimensionar las existentes, no
promover la coexistencia con otras tecnologías, … pero veámoslo
con 2 ejemplos de diferentes procesos.
1) Aeropuertos, las autopistas radiales
madrileñas, infraestructuras no necesarias, hoy nos parecen una
insensatez por su elevado coste al erario público (aunque también
por sus posibles implicaciones en tramas de corrupción). Por seguir
con el ejemplo, una línea de más de un coste aproximado de 70€ no
nos parece un escándalo por el mero hecho de que no estamos pensando
en eso multiplicado por los centenares de miles de inmuebles que
tienen que costearlo y que no lo necesitan.
2) La extracción de cobre, la
fabricación de plásticos, … son todos ellos procesos industriales
que en muchos de sus estadios ahorrárnoslo tendría que suponer una
ventaja medioambiental y social que no contemplamos. Las muertes en
las minas de extracción no creo que tuvieran de ser un tema que sea
considerado a la ligera. Los mineros de Chile fueron un ejemplo
mediático, pero fueron un atisbo de la realidad que esconde su
extracción.
Este reglamento nació al calor de la
burbuja inmobiliaria. Al calor de un crecimiento exponencial en el
que cada oportunidad perdida podía suponer la pérdida de muchos
millones de euros por parte de fabricantes, instaladores y
energéticas. La puerta al modelo del aumento exponencial indefinido.
El estallido de la burbuja seguramente dio al traste con los planes
económicos de muchas eléctricas que con una nefasta gestión
simplemente esperaban que ese crecimiento auto sostenido paliara las
deficiencias del sistema eléctrico español.
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